El cultureta literario

Mi planta de Naranja Lima

  La pobreza son unos zapatos vacíos en la mañana de Navidad. José María Mauro de Vasconcelos nos regala una bella historia sobre la pobreza en los barrios desfavorecidos del Brasil de mediados de siglo XX con su novela Mi planta de Naranja Lima.

  Todos fuimos, en algún momento remoto de nuestra vida, un poco como Zezé. Un niño travieso, lleno de energía, con una mente preclara, precoz, con una imaginación desbordante, pero que debe lidiar con la miseria familiar y con la violencia en el hogar.

  Que los niños que viven bajo el umbral de la pobreza son enteramente felices es una falacia que el autor destruye página a página, párrafo a párrafo, golpe tras golpe. Solamente su inocencia permite a Zezé aislarse de ese universo de brutalidad en el que el azar le ha situado. Un “pajarillo´´ (hermosa personificación sobre la razón humana y la conciencia)  y una pequeña planta de naranja lima son los compañeros de viaje del pequeño de cinco años, refugio habitual cuando las calamidades le abordan una y otra vez.

  Junto a ellos, el Portugués, dueño del coche más maravilloso del mundo “y del barrio´´, como piensa el pequeño protagonista, ayudará a Zezé a descubrir el significado del término familia  y quizá, incluso, a saber lo que es el amor.

  El argumento de esta novela no puede ser más simple, pero que esto no lleve a confusión, en este caso simple implica genialidad. Ni una frase sobra en la novela, ninguna palabra es banal y ninguna situación impostada. Trece días bastaron al escritor brasileño para crear esta maravillosa obra.

  José Mauro de Vasconcelos nace en 1920, en Bangú, en Río de Janeiro, mismo lugar donde se desarrolla la historia.  El carácter autobiográfico queda patente a medida que se avanza en la trama, puesto que la precisión con la que se relata el sufrimiento de un niño sólo puede ser tan verazmente narrado si el que escribe lo ha sufrido en sus carnes. Mauro de Vasconcelos sufrió, y mucho.

  La prosa es de ritmo acelerado, con continuas referencias a personas y personajes, verídicos o imaginarios, fortaleciendo la impresión de que realmente las palabras brotan de la mente de un niño.

  Aviso a navegantes: para el total disfrute de los paisajes que dibuja este libro hay que dejar atrás prejuicios y abrir el corazón de par en par. Deja que la luminosidad de la historia te envuelva, pues lejos de cegar, alumbra.

  En definitiva, estamos ante un clásico de las letras iberoamericanas, una joya que acompañará por siempre a otros grandes contemporáneos, como Márquez o Cortázar, y que pese a lo alejado del realismo mágico trabajado por éstos, esconde algo de magia entre sus páginas, ya que ¿hay algo más mágico que el mundo para la mirada de un niño?

-Emilio Manso Blanco

2 comentarios en “Mi planta de Naranja Lima”

  1. No conocía “Mi planta de naranja lima” y me ha parecido un tema y enfoque interesante, así como la crítica o comentario que publica La Trova, elegante y de grata lectura. Espero que esta iniciativa cultural vaya acompañada del buen gusto y equilibrio de esta entrega. Os deseo mucho éxito.

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