Ut pictura poesis

Dispénsame, Cervantes

Dispénsame, Cervantes, por mi prosa edulcorada

con símiles absurdos y nefastos soliloquios.

Pido perdón, Quevedo, por rimas desatinadas

escritas al amparo de mi frágil amor propio.

 

No soy, ni quiero, un grande, tan siquiera un miserable

deudor de tres al cuarto de tanta abundancia y nombre,

y pésimo arrogante que se expresa siempre en bable

por no tener un verso que a tanta virtud asombre.

 

Mas quiero, en este día, dar memoria de los cantos

de aquellos que merecen un simposio permanente

en este palimpsesto de la pluma y su herejía.

 

Ser profecía andante del talento de otros tantos

que rubricaron místicas hazañas en su mente

y dieron forma al mundo que contemplo cada día.

Gasusa

 

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