El cultureta literario

Shakespeare y el síndrome de Otelo

William Shakespeare escribió Otelo, o, como era originalmente, El moro de Venecia, en el año 1603 aproximadamente. Esta obra de teatro, como casi todos los títulos de Shakespeare, se caracteriza por su multitud de símbolos, estratégicamente distribuidos a lo largo de todo el libro. Shakespeare es aclamado por la habilidad de crear complejos personajes pertenecientes a un sinfín de contextos socioculturales. Si he de analizar una obra en concreto, elegiría Otelo, pues el simbolismo implícito en ella hace del texto una historia más profunda si cabe. Los personajes principales son: Otelo, un soldado negro al servicio de Venecia ; Desdémona, mujer de Otelo e hija de Brabancio, un respetado senador veneciano; y Yago, el alférez de Otelo, quien es el que dará más que hablar en esta historia. El síndrome de Otelo es un trastorno delirante o psicosis paranoica que hace que quien la posea crea ciegamente que su pareja le está siendo infiel, y es en Otelo donde está su origen, pues el protagonista sufre celos irracionales. Este trastorno es más común en los hombres, y dicen que los enfermos suelen realizar conductas patológicas como comprobar constantemente comportamientos y acciones que consideran sospechosas. No obstante con respecto a este título, Otelo no es el único culpable, pues su conducta es incitada por la maldad de Yago. Para entender esto en mayor profundidad es necesario enfocarse más detalladamente en el desarrollo de la trama.

Una de las representaciones más simbólicas es el pañuelo. Este pañuelo se lo dio Otelo a Desdémona cuando se confesaron su amor, así que el estado del pañuelo simboliza la relación de ellos dos. No solo esto, además también representa la fidelidad de Desdémona. Asimismo, Yago, el villano de esta obra, se da cuenta del valor y actúa en consecuencia. No obstante no es que sea un villano cuyo poder se destaque por la fuerza física, al contrario, es su ingenio lo que lo convierte en un ser despiadado. Yago es un manipulador, un retorcido, quien no duda en mangonear a todo el mundo en cuanto tiene ocasión. Él está casado con Emilia, quien a su vez es sirvienta de Desdémona, mujer de Otelo. Toda esta historia proviene de los celos patológico de Yago hacia Otelo, o de lo que hoy en día se considera el síndrome de Otelo, cuyo nombre resulta bastante irónico teniendo en cuenta quién es realmente el envidioso de esta narración. Yago está celoso porque Otelo nombró a Casio su teniente y no a él, lo que desencadenará una serie de trágicos sucesos con su siniestro desenlace.

Keneth Brannagh Iago
Yago interpretado por Keneth Brannagh en Otelo (1995) (whatsitallaboutshakespeare.blogspot.com)

Cuando Yago se da cuenta de que, bajo su punto de vista, Otelo le ha traicionado, pone su plan en marcha. Lo primero que hace es hacer creer a la gente que la mujer de Otelo está enamorada de Casio y, a su vez, le dice al padre de Desdémona que Otelo se la ha llevado en contra de su voluntad, desatando la desconfianza por dondequiera que pasa. Yago intenta que Brabantio, un amigo enamorado de Desdémona, entre en rivalidad con Casio para que así le quiten el puesto de teniente que tanto anhela él. Una vez conseguido que Casio sea destituido de su cargo, este pide ayuda a Desdémona, alentado por Yago, para que interceda por él con Otelo. Otelo se niega, preso de los celos, pues cree que su mujer lo defiende porque tiene un affair con él. No contento con esto, Yago deja entre las pertenencias de Casio el conocido pañuelo de Desdémona. Más tarde, Casio lo encuentra y Otelo ve cómo este habla con su mujer mientras sostiene el pañuelo, el cual Casio no sabe que es de Desdémona. De igual forma, Yago incita a Otelo a espiar una conversación comprometedora que estos tienen, pero lo que Otelo no sabe es que no habla de Desdémona, sino de otra mujer de la que él está enamorado, Blanca. Es ahí cuando a Otelo, al borde del colapso, enfurece y entra a la habitación de Desdémona y la ahorca. Al mismo tiempo, y siguiendo con el plan previsto, Yago incita a Rodrigo a que mate a Casio. Sin embargo, accidentalmente es Yago el que acuchilla a Rodrigo, al cual remata más adelante para que no descubra ni que es él el que lo mató ni su propósito inicial

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Rodrigo y Cassio en el acto V (http://othellowlikemarshmallow.weebly.com)

Recapitulando, un buen ejemplo que resumiría todo lo explicado con anterioridad es uno de los soliloquios que Yago tiene en la obra. Este extracto permite al lector conocer las intenciones de Yago mucho antes de lo que la obra llegue al clímax.

“Si logro hacerla beber alguna copa,1

con lo que ya ha bebido por la tarde

se pondrá pendenciero y más rabioso que un gozquecillo.

El buen Rodrigo, el asno,

a quien amor ha trastornado el juicio,

ha libado esta noche largo y hondo a la salud de su gentil Desdémona;

a él le toca la guardia.

Pues galanes chipriotas, bravos mozos y valientes,

celosos de su honor, la flor y nata de la guerrera Chipre,

cuyos cascos he calentado ya con sendas copas,

están también de guardia.

Entre esta trinca de borrachos haré que, loco,

Casio cometa alguna acción que a la isla agravie.

Mas calla, que aquí vienen. –

Si propicio favor me presta el éxito,

mi idea navegará con viento y con marca.”

Con este soliloquio, perteneciente al acto II y a la escena 3, Yago deja ver al público cómo es él realmente, y cuáles son sus intenciones. Yago tiene dos soliloquios en toda la obra, mas considero que este es el más relevante y el que más expone la personalidad del mismo. Si tenemos en cuenta el comportamiento y las relaciones de Yago con los demás, conoceremos a un Yago bondadoso, generoso y amigo de sus amigos. Nada más lejos de la realidad, pues en este texto citado se puede ver abiertamente al verdadero Yago, ya que él mismo se dirige a la audiencia para explicar lo que pretende hacer. Es por eso que Yago es un personaje ingenioso, un villano inteligente, capaz de crear una serie de historias y mentiras para que todo el mundo gire a su voluntad. Y además lo consigue. En resumidas cuentas, en esta obra Shakespeare manifiesta su notable habilidad para la creación de personajes, pues crea personajes universales y tan desarrollados que da la sensación de que los conocemos en persona, y, además, con los que podríamos sentirnos identificados. Ardua tarea la de crear protagonistas por cuyo destino nos interesemos; no obstante, para William Shakespeare, genio de la literatura, es más que posible, y nos lo demuestra a lo largo de toda su obra.

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