Heredades de Herodoto

Masters of Rome: la Roma de Colleen McCoullough

Artículo publicado originalmente en historiae web.

El 29 de enero se cumplieron tres años de la muerte de una gigantesca escritora, Colleen McCoullough, la mujer que dirigió mis pasos hacia la profesión histórica y convirtió innumerables tardes de mi pubertad en un placentero paseo por la ciudad de las siete colinas. Sus libros sobre la Roma tardorrepublicana constituyeron no solo una fuente de inspiración y un encomiable aporte a la novela histórica, tan defenestrada en los últimos años, sino también una obra fundamental para adentrarse en el cosmos sociopolítico, económico y cultural de un periodo convulso, marcado por la pugna entre el modelo tradicional de funcionamiento de la República romana (asentada en el Mos Maiorum) y la irrupción de sectores sociales y facciones políticas que abogarán por la transformación de este modelo, en un contexto de adaptación a la nueva realidad emanada de la expansión por el Mediterráneo.

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La escritora australiana Collen McCoullough. Referencia: http://www.abc.es/cultura/libros/20150129/abci-muere-colleen-mccullough-pajaro-201501291106.html

La saga de McCullough fue construida sobre una potente labor de estudio de las fuentes clásicas, a través de lecturas directas y trabajos históricos posteriores, que dotaron a sus novelas de un contenido serio y respetuoso con la historia. A través de su argumentación se transparentan pesos pesados como Theodor Mommsen, Ronald Syme o Edward Gibbon, quienes también supieron convertir a la historia antigua en objeto de interés para el gran público. Cada ejemplar cuenta con ilustraciones y mapas realizados por la propia autora, siendo documentos fundamentales para comprender con mayor exactitud los hechos que en él se narran. Su incuestionable rigor histórico la hizo merecedora de un doctorado honoris causa en historia por la Universidad de Macquarie, pero la obra de McCullough es aún más brillante de lo que tales credenciales pueden siquiera sugerir.

Estas novelas abarcan el periodo que va desde el año 110 a.C hasta el 27 a.C, afrontando todos los acontecimientos históricos de relevancia que tuvieron lugar desde el ascenso de Cayo Mario hasta Octaviano. Al final de los volúmenes aparece un detallado glosario de términos, quedando recogidas las referencias empleadas y explicados los elementos que generan una mayor controversia; la autora, mostrando su compromiso con la veracidad, explica cuáles han sido sus presupuestos a la hora de abordar hechos de los que no se ha podido demostrar su historicidad. Sus libros no se limitan a abordar aspectos ligados a la alta política o el ejército romanos (si bien los desarrolla con brillantez), sino que abundan las referencias a la propia naturaleza del sistema político, definiendo con exactitud la estratificación social existente y el cosmos cultural y religioso del que participaban, en última instancia, todos los romanos. Y como no, también las romanas, siendo el caso de la multiplicidad de personajes femeninos que son rescatados hábilmente de las fuentes, adquiriendo un peso esencial en la trama.

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El Forum Romanum, espacio fundamental durante toda la saga.

Y es que la trama y el desarrollo de los acontecimientos resultan, a su vez, esplendorosos. Pero es quizás en el desarrollo de los personajes donde McCullough consigue su mayor éxito, al lograr empatizar con un Cayo Mario despreciado por los patricios, un Pompeyo ansioso por ganarse el favor de los optimates o un Julio César ávido de fama y gloria. Pues estos grandes hombres no están aislados del mundo que buscan dominar: son parte de él, y a través de ellos podemos conocerlo, comprenderlo y asumirlo en toda su complejidad.

McCullough consiguió aunar excelencia expositiva, rigor histórico y entretenimiento, convirtiendo en Best Seller un trabajo apabullante por su tamaño, por la inconmensurabilidad de posibilidades que ofrecía y por lo dificultoso de generar una saga que supiera recoger la esencia de la sociedad, la política y la cultura romanas de entonces. Todo ello se plasmó en 7 novelas, cada una de más de 500 páginas en letra pequeña, que deberían haber sido inasumibles para el gran público, y sin embargo fueron recibidas con el entusiasmo que merecían. En un momento en el que las disciplinashumanísticas están perdiendo la preeminencia que antaño poseían, el trabajo de McCullough constituye una tabla de salvación para la disciplina histórica y la que es (o debiera ser) una de sus funciones fundamentales: la difusión del conocimiento.

He aquí mi pequeño, minúsculo homenaje, a una mujer con la que he contraído una deuda impagable.

 

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