Trazo y cincel

¿Existe el Museo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife?

Aunque a muchos pueda sorprenderle, la ciudad de Santa Cruz cuenta con un Museo de Bellas Artes. Situado en la húmeda Calle José Murphy, justo debajo de la emblemática plaza del Príncipe, pasa desapercibido para los turistas y transeúntes habituales. Concebido como Museo y Biblioteca, fue el primer edificio de estas características en Canarias.

Los Museos de Bellas Artes se pusieron de moda durante el siglo XIX, y básicamente desempeñaban un papel de edificios-contenedores de obras de arte consideradas dignas por la burguesía de la época. La diferencia entre nuestro Museo y el resto de museos decimonónicos europeos es que estos segundos han mantenido su dignidad en el tiempo, siendo reconocida y privilegiada por sus nuevos poseedores y visitantes.

¿Es el Museo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife un contenedor menos válido que el resto? ¿O es, quizá, su contenido menos valioso que el de sus iguales europeos?

Ni una, ni otra. El edificio que contiene la colección sigue el gusto clasicista, refinado y afrancesado de la época, lo que todos podríamos considerar un bonito edificio histórico con su respectivo guiño a la cultura tinerfeña en la fachada: diez ilustres pensadores de la historia de nuestra isla que no tendría sentido enumerar en un artículo que pretende descubrir el sentido oculto de una institución aparentemente relevante, pero que la sociedad, desde mi punto de vista merecidamente, ha decidido ignorar.

Con respecto al contenido, tanto la colección expuesta como la almacenada cumplen con todos los requisitos para ser considerada como valiosa. El Museo del Prado cedió la sexta edición de los grabados de “Los Caprichos de Goya, esculturas de Agustín Querol y Subirats, obras de carácter historicista y pinturas de Madrazo…”, al menos eso dice en el folleto. Podemos encontrar, y quizá aquí abandono la sana socarronería para subrayar su gran interés, algunas piezas venidas desde Flandes durante el siglo XVI y XVII gracias al comercio con el azúcar donde destacamos el Tríptico de la Natividad de Nava y Grimón que merece una detenida visita para aquellos curiosos del arte. Más allá del tinte flamenco, lo que nos encontramos es un discurso cronológico forzado que en nada responde a la dinámica historia del arte en Canarias, sólo al relato que unos cuantos decidieron inmortalizar.

Triptico Nava_014
Tríptico de Nava y Grimón, 1546
(http://losprimitivosflamencos.blogspot.com/2014/02/triptico-de-nava-grimon-de-pieter.html)

Nosotros queremos combatir encarnizadamente la religión fanática, inconsciente y snob del pasado, alimentada por la existencia nefasta de los museos. Nos rebelamos contra la supina admiración de las viejas telas, de las viejas estatuas, de los objetos viejos y contra el entusiasmo por todo lo que está carcomido, sucio, corroído por el tiempo […] Sólo es vital el arte que encuentra sus propios elementos en el ambiente que lo circunda. […] ¡Entiérrese a los muertos en las más profundas entrañas de la tierra! ¡Quédese libre de momias el umbral del futuro! ¡Paso a los jóvenes, a los violentos, a los temerarios!

F.T. Marinetti hablaba en el Manifiesto futurista en estos términos, de los museos como “cementerios de esfuerzos vanos, calvarios de sueños crucificados, registros de impulsos tronchados”. Por supuesto, no podemos hablar de un espíritu futurista en la sociedad santacrucera; si así fuera el Museo de Bellas Artes hubiera ardido ya hace tiempo junto con otros edificios. Pero sí podemos rescatar de las palabras del fundador del movimiento futurista, el absurdo de la mitificación de lo antiguo y de la admiración por lo contenido en una institución hermética que se abandera como perpetuadora de la cultura. Quizá deberíamos asistir al espectáculo museístico, local y universal, con la idea fijada en los ojos de que lo que vamos a encontrarnos es la selección al gusto de una minoría privilegiada de lo que era cultura en un tiempo muy remoto.

Los transeúntes de la ciudad de Santa Cruz prefieren vivir sus calles, y otra serie de iniciativas culturales, mucho más acertadas y cercanas a la sociedad que participa de ellas, que han permitido explorar la historia del arte en Canarias de una manera alternativa a encerrarse en un edificio de obligatorio y perpetuo silencio.

Cualquiera que haya decidido pasear por la capital, a ojos abiertos y atención curiosa, se ha tropezado con numerosas esculturas contemporáneas, crípticas muchas de ellas, pero que forman parte habitual de la imagen de Santa Cruz. También las encontramos escondidas en nuestros parques, como el famoso Gato de Óscar Domínguez que nos acecha en el bellísimo Parque García Sanabria, y otras tantas que pasean a nuestro lado por Las Ramblas.

800px-Monumento_al_Gato

Monumento al gato, 1973
(https://es.wikipedia.org/wiki/I_Exposici%C3%B3n_Internacional_de_Escultura_en_la_Calle)

Antes del Régimen franquista, Santa Cruz, frente a Las Palmas de Gran Canaria, se caracterizó por ser un caldo de cultivo para la modernidad y la vanguardia. Durante el período gris de la historia española la intelectualidad contemporánea, incendiaria y creativa que se hizo eco en la Gaceta de Arte, tuvo que acallarse y clandestinizarse. En 1973 se vuelve a dar luz a algunos de estos pensamientos con base internacional con la revitalización de uno de los elementos urbanos más significativos de la ciudad: Las Ramblas. Con la construcción del Colegio de Arquitectos, un edificio de corte brutalista, se incorpora al estilo decimonónico de la zona, un punto y seguido con la estética de la contemporaneidad. La exposición de esculturas a lo largo de Las Ramblas permitía un diálogo entre el pasado y el nuevo y posible presente.

En su momento, la I Exposición Internacional de Escultura en la calle supuso un desafío intelectual al pensamiento oficial del Estado, el uso concreto de la escultura era casi desafiante, pues había servido durante largo tiempo para perpetuar el lenguaje del fascismo en las calles. Ahora incorporando formas enigmáticas pertenecientes a lenguajes individuales y estilos contemporáneos comprometidos con la cultura internacional, la escultura se acercaba al pueblo a través de un espacio liberado de cualquier carga institucional para dar una oportunidad a la libertad: expresiva e interpretativa.

Las duras condiciones económicas no permitieron volver a realizar la segunda Exposición hasta 1994, en la que las repercusiones sociales fueron mucho menos, pero seguía viva la intención de vincular a la ciudadanía con las nuevas corrientes del arte.

ESCULTURAS CALLE SCLes invitamos a disfrutar de la guía de las obras pertenecientes a la I y II Exposición de Escultura en la Calle.

Son muchas las nuevas esculturas que se han incorporado en plazas y avenidas, atendiendo al juego entre el que pasea por la ciudad y se sorprende al encontrar un nuevo elemento. Se embellecen y dinamizan los espacios cotidianos de los ciudadanos, y se acerca una cultura mucho más tangible, que sensibiliza los ojos de sus admiradores con muchísima más fortuna que las obras contenidas por los museos.

Sin duda es una ciudad compleja, incluso torpe en su configuración urbanística debido al rápido crecimiento hacia el interior. Flanqueada por los Roques de Anaga y la Refinería, la Santa Cruz se amplió forzadamente en forma de barrios, a menudo hacinados y con una arquitectura mal acondicionada, para dar cabida a la población.

Aun así, el resultado es el de una ciudad orgánica y viva, frente a otras ciudades históricas como La Laguna, La Villa de La Orotava o Icod de Los Vinos, que convirtiéndose en ciudades museo por el puritano conservadurismo, se han mantenido inmutables en el tiempo. Lejos de conservar sus valores patrimoniales, con esta tendencia se han desarraigado de la sociedad al no incorporar la vida contemporánea a sus espacios. Sin compartir un mismo lenguaje es imposible defender la historia y la cultura de una ciudad. Por supuesto, tampoco podemos vender nuestras ciudades a las actividades rentabilizadoras, mal llamadas turísticas, como ha sucedido tristemente en el Puerto de la Cruz.

Pero Santa Cruz es un claro ejemplo de una ciudad en la que podemos contemplar edificios históricos, contemporáneos, esculturas y propuestas artísticas que han permanecido y otras que están en constante renovación, como los graffitis y el arte urbano. Expresiones vitalistas de una ciudad que no se ha detenido en el tiempo, y cuya estética es resultado de la sociedad que la ha habitado y la continúa habitando: ciudad portuaria, burguesa, en crisis, marginal, snob, alternativa, canaria.

Frente a todo esto, el Museo de Bellas Artes, el Círculo de Bellas Artes, y otras instituciones de renombre, han descuidado su lenguaje y su comunicación con la ciudadanía. Se comunican con una sociedad que ya no existe o que nunca existirá, y son víctimas de su propia obstinación.

El Museo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife existe en medida que la ciudad y la sociedad lo reconoce. Desde la Trova les invitamos a visitarlo y a responder ustedes mismos a la pregunta que formulábamos en el título, y sobre todo, a que nunca dejen de descubrir las ciudades.

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