El nivel acuático

Assassin’s Creed Origins: el Egipto ptolemaico a vista de águila

En ocasiones, los tiempos de descanso son necesarios para mejorar la calidad del trabajo, y parece ser que a Ubisoft estos dos años de descanso le han venido de perlas. El resultado ha sido uno de los juegos más detallados e históricamente cuidados de toda la saga.

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En lugar de continuar avanzando en la línea histórica de la anterior entrega (Assassin’s Creed Syndicate, Londres victoriano), la compañía decidió inteligentemente retrotraerse casi dos mil años y cambiar de continente, con la excusa de profundizar en los orígenes de la orden. Además, elegir la época ptolemaica como marco del juego dentro del gran abanico de tres milenios de historia del Egipto Antiguo,  fue un gran acierto.

Para que entendáis por qué adoro tanto este período, os pongo un poco en contexto. Si le preguntamos a alguien por Egipto, lo más probable es que le venga a la mente la clásica imagen de un monarca egipcio supervisando la construcción de una colosal pirámide. Sin embargo, para cuando nuestro Bayek estuvo escalando la pirámide de Jufu, habían pasado aproximadamente más de 2500 años de su construcción, con lo que nos encontramos ante una sociedad muy distinta que se debatía entre la tradición egipcia y las influencias de otros pueblos del Mediterráneo. De hecho, incluso antes de que Alejandro Magno se coronara como faraón en el oasis de Siwa (lugar de procedencia del protagonista, por cierto), ya habían pasado varios períodos de ocupación extranjera, como fue el caso del dominio nubio y persa. Así pues, los siguientes dos siglos de desavenencias familiares entre Ptolomeos y Cleopatras dejaron a Egipto bastante debilitado a nivel político, con lo que no era de extrañar que el país quedara cada vez más expuesto a la influencia que el Imperio Romano iba ejerciendo  en el Mediterráneo Oriental in crescendo. Por cierto, cuando mencioné el nombre de los monarcas ptolemaicos en plural, lo hice más que nada porque el que aparece en la entrega, supuestamente controlado por Potino y la ficticia Orden de los Antiguos, es Ptolomeo XIII Teo Filópator, hermano de Cleopatra VII, muy sensualmente recreada en el videojuego, con lo que podemos intuir que esta dinastía no fue muy prolija en cuanto a nuevos nombres.

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Así todo, parece que el equipo de Ubisoft supo aprovechar el siglo I a.C., no sólo por los salseos políticos y los conflictos bélicos, sino para mostrar en todo su esplendor a las tres culturas más destacadas del Mediterráneo confluyendo y entremezclándose en un mismo marco geográfico.

Si bien la trama principal de esta entrega es algo monótona e insulsa (salvando algunos momentos puntuales más dramáticos en los que podrían haber profundizado más, tal y como el progresivo distanciamiento sentimental entre Aya y Bayek), lo cierto es que el nivel de detalle y realismo del ambiente que la engloba compensa de gran manera.

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Para empezar disponemos de un mapa gigantesco y variado, ya que podemos ir con total libertad de Alejandría al Desierto Blanco, o desde Menfis hasta Siwa a lomos de nuestro caballocamello, o en carro de guerra. O a pie, para los más pacientes, porque aunque las distancias han tenido que ajustarlas para hacer la jugabilidad más fluida, está claro que si quieres ir rápido desde Cirene a Krokodilópolis, vas a tener que tomar una ruta rápida y una montura ligera. En cualquier caso, tiene su puntillo ver a lo lejos las pirámides de Guiza desde lo alto del faro de Alejandría, ya que ver estas dos maravillas de la Antigüedad tan cerca en la realidad es imposible. Además, se trata de entornos completamente vivos: el valle del Nilo está repleto de aves que puedes cazar, hipópotamos y cocodrilos que se enfrentarán entre sí por una presa; o incluso escapar por la noche de una tormenta de arena en la Depresión de Qattara y llegar a un oasis puede suponer tener que enfrentarte a hienas o leones que apaciguaban su sed en las aguas calmas. No obstante, siempre podemos evitar a estos depredadores con la ayuda de nuestro fiel águila Senu, al cual podemos controlar para recorrer el mapa desde el aire e ir marcando objetivos.

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Y es en este bello marco geográfico de juncos, papiros, palmeras y desiertos donde han insertado inteligentemente esta confluencia de culturas. Es indudable que hay localidades en las que intencionalmente se ha querido mostrar la tradición egipcia, como es el caso de Siwa y Menfis, donde lo único que ha cambiado ha sido el sacerdocio y los cargos militares impuestos por Ptolomeo. Sin embargo, en otros lugares la presencia griega pasa a ser objeto de conflicto con los egipcios, como es el caso de El Fayum, donde la mayor parte de las prebendas comerciales han ido dirigidas a los helenos; o en otros sitios donde se ven reducidos a un barrio marginal, como sucede en la gran urbe alejandrina. Por su parte, a medida que nos acercamos a la Cirenaica, la presencia militar romana se va haciendo más fuerte, acompañada de anfiteatros y acueductos (¡con la aparición estelar de Vitruvio!). La mayor parte de contrastes culturales se aprecian en tanto en la arquitectura como en la lengua de los habitantes de las ciudades de Cirene, Alejandría, Menfis y Krokodilópolis, donde los barrios se adecúan a la procedencia de sus pobladores; pero por suerte el juego también nos da puntos de confluencia, como es el caso del templo de Serapis, una deidad sincrética potenciada por los Ptolomeos, y que era adorada tanto por egipcios como por griegos, así como la adoración a la diosa egipcia Isis, que se fue extendiendo por todo el Mediterráneo.

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Otro punto que considero a destacar es la viveza con la que se muestra a todas las personas que comparten el mundo de Bayek, ya que los mercados, los pueblos, los canales y campos están repletos de gentes afanadas en sus labores: pescadores en el Lago Mareotis, recogedores de lino, obreros trabajando el papiro, falsificadores vendiendo estatuillas en el mercado de Menfis, o incluso la complicada labor de los embalsamadores de momias. Personalmente, recomiendo explorar todo este submundo cotidiano a través de la novedosa herramienta Discovery Tour, un modo didáctico apañado por Ubisoft para poder explorar el mapa desde las aulas de enseñanza, o simplemente para todo aquel que quiera adentrarse en la historia de Egipto a partir de simpáticos recorridos clasificados por temáticas y acompañados de documentación real y recreaciones. Por ejemplo, en este caso podemos visitar paso a paso el proceso de momificación, en el que se explica cómo se llevaba a cabo la extracción de las vísceras, acompañado de una imagen con herramientas reales del Museo Nacional de Antigüedades (Londres).

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Esta entrega tampoco habría sido la misma sin la religión, un elemento de conflictos y alianzas que sirve a los líderes para cohesionar al pueblo frente a un enemigo externo, o bien para tiranizarlo con la amenaza de una maldición. Así pues, se integran en el paisaje los templos de las grandes deidades llenos de ofrendas y ceremoniales, así como las tumbas ancestrales que han servido de excusa para elaborar laberintos de pruebas. Al final de éstos, nuestro protagonista encuentra unas tablillas escritas en lo que él llama como “idioma del Reino Antiguo”, el cual dice desconocer, seguramente porque Bayek únicamente sepa leer egipcio demótico (variedad surgida en el Delta del Nilo previa al copto) y no los jeroglíficos del egipcio clásico. Así todo, siempre vale la pena pararse a contemplar detalles como la cerámica funeraria, las ofrendas a los difuntos, o las momias colocadas con sumo cuidado (a veces no tanto) entre el ajuar y los paneles con inscripciones de cada una de las tumbas.

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En este sentido, he de recomendar el nuevo contenido descargable del juego, un episodio llamado La Maldición de los Faraones. En él, puede explorarse la región que va desde Tebas (actual Lúxor) hasta el templo de Elefantina (Asuán), donde los ladrones de tumbas han robado las reliquias de Nefertiti, Akhenatón, Ramsés II y Tutankhamón del Valle de los Reyes. Esto no solo nos da la oportunidad de visitar a la Cantora de Amón en el increíble complejo de templos de Karnak, sino también de pelear con soldados romanos que han invadido los templos de Lúxor, de Hatshepsut, y la Casa del millón de años de Usermaatra Setepenra (más conocido como Ramesseum). Y es que a pesar de que se introduce un componente fantástico en esta entrega, también resulta interesante conocer la mitología egipcia peleando con la serpiente Apofis, Anubis, Sobek y Sekhmet; o viajando a la Duat (inframundo) para apaciguar a las almas de los difuntos a través de ofrendas.

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En realidad, podría hablar de cada uno de los aspectos que articulan el entorno de creación del Credo de los Ocultos y que han sido representados tan cuidadosamente en el juego: sociedad, economía, ocio, iconografía, fauna, vegetación, política, armamento… pero sería demasiado extenso. En cualquier caso, como historiador y arqueólogo he de decir que esta vez ha habido una gran labor de documentación para la elaboración de lo que considero como la mejor reproducción virtual del Egipto Antiguo, y yo creo que cualquier fan de su historia, sea egiptólogo o aficionado, lo va a disfrutar como un enano. Si bien es verdad que podrían haber mejorado la trama principal, o al menos haber hecho un poco más dinámicas las misiones, que a la larga se hacen un poco repetitivas, lo cierto es que merece la pena explorar hasta el rincón más recóndito del mapa. Quién sabe, igual te encuentras un misterioso rito sectario a Serket, o una localidad que únicamente ha sido conocida a partir de excavaciones arqueológicas.

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Para concluir, a modo de reflexión, no pretendo decir que esto sea la opera magna de los videojuegos históricos ni que vaya sustituir la información que venga en un manual de Historia, ya que al fin y al cabo se trata de una narrativa ficticia que aprovecha elementos de la realidad histórica para hacerla más adictiva. Mi objetivo con esta reseña es hacer entender el videojuego como un medio de comunicación divulgativo y didáctico tan válido como un documental (teniendo en cuenta los del Canal “Historia”, incluso más), siempre y cuando se emplee de manera crítica, y contemplando las licencias ficticias como un elemento para el disfrute. La desventaja es que ahora, cada vez que quiera buscar en Internet un componente histórico que aparezca en el juego, los primeros tres links seguramente sean videotutoriales de Youtube sobre Assassin’s Creed Origins, con lo que va a tocar hacer un poco más de criba.

En fin, sólo espero que la próxima vez que viaje a Lúxor no me de por escalar a lo alto de los colosos de Memnón para sincronizar el entorno del valle del Nilo y luego me dé por hacer el salto de fe, que me parece que en la vida real no tengo oportunidad de resetear.

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