Trazo y cincel

Tenerife: enclave del movimiento surrealista

El siglo XX se dio inicio en una Europa a punto de estallar en la Primera Guerra Mundial, y tras la decadencia de fin de siglo, el espíritu alegre de los años 20 no pudo prosperar demasiado. La burguesía bien asentada había controlado la cultura tras la Revolución, y se había entregado a los divertimentos de las artes, configurando de este modo un panorama diverso de nuevas e interesantes propuestas: post-impresionismo, modernismo, simbolismo, expresionismo, cubismo, futurismo, dadaísmo y la más tardía, el surrealismo.

Dadaísmo y surrealismo

Éstas dos últimas, dadaísmo y surrealismo, se han considerado poéticas consecuentes y hermanadas, pero… ¿qué pueden tener en común Fuente – un simple urinario – de Marcel Duchamp y el Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes del despertar, de Salvador Dalí?

 

Fuente, Marcel Duchamp, 1917; Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes del despertar, Salvador Dalí, 1944

Si intuitivamente pensáramos “la locura” o “lo absurdo” no estaríamos muy mal encaminados, y es que, para poder comprender a los artistas de estos movimientos artísticos debemos dejar de lado “el buen gusto” y “la razón de ser”.

El Dadá o el dadaísmo, surge en el mismo momento en el que se toma la decisión de llevar a la acción el descontento reinante en la sociedad moderna de principios del siglo XX, que tantas veces se manifestó en las tertulias de Zúrich, Suiza, entre Tristan Tzara y sus compañeros. El mismo Tzara describía la Suiza de los tiempos de la Primera Gran Guerra como una prisión para aquellos que únicamente ansiaban vivir. Para ello, la única alternativa que encontraron fue la rebelión contra todo lo establecido. Dadá se definió como anti-artístico, anti-literario y anti-poético, se armó con medios radicales contra la belleza, contra los principios morales, la tradición y contra cualquier norma. De este modo propugnó la anarquía frente al orden, se abanderó con el caos y la libertad absoluta, con la expresión pura y espontánea, aleatoria e inmediata.

Es por todo esto que debemos entender que lo que le interesa a un artista dadaísta no es mostrarnos su obra y que la comprendamos y la valoremos, lo que pretenden es atentar contra la sociedad y contra nosotros mismos, su mayor deseo es provocarnos. Dadá se expresa en un gesto violento a través de obras que van en contra del decoro, de lo bien visto, de lo considerado como artístico o valioso. El Dadá es el movimiento del escándalo y del anti-arte. Entenderemos ahora que, un grupo de intelectuales desesperados por liberarse de todas aquellas restricciones, normas y cultura en general, culpables de haberles aprisionado, sólo podían crear obras descerebradas, insolentes y agresivas.

“La lógica siempre es falsa… la moral consume como todos los azotes de la inteligencia […] son la causa de nuestra esclavitud” – Tristan Tzara, Manifiesto Dadá, 1918.

Por tanto, lo que hizo Marcel Duchamp con su polémica Fuente, 1917 en la Exposición del Salón de los Independientes, fue descontextualizar un objeto (escogido por su particular vulgaridad) que colocado en un determinado contexto consiguiera ridiculizar toda obra de arte y cualquier acto solemne en torno a las Bellas Artes que se pretendiera. A este acto de escoger objetos, intervenidos o sin intervenir (Duchamp también fue el artista que pintó un bigote a una reproducción de La Gioconda y lo firmó como suyo) y manipular su sentido, se le denominó “ready made”, y fue uno de los gestos Dadá más simbólicos por su carácter provocador y socarrón. Pero lo cierto es que al no existir ningún tipo de referencia o norma en el dadaísmo, tampoco se construyó un ejemplo estético del movimiento, y es por ello que el (anti)arte dadá no se caracteriza por su estética ni podemos diferenciarlo por sus elementos plásticos, sino por el propio sentido destructivo y anti-artístico de la obra: Max Ernst y el fotomontaje, Man Ray y la fotografía, Jean Arp y la escultura, o Picaba y su pintura, son las figuras más reconocidas del Dadá.

max-ernst-murdering-airplane-1920-1500x662Asesinato del aviónMax Ernst, 1920

Finalmente, en 1923, Dadá mató a Dadá, es decir, la esencia dinámica, imperdurable y anti-sistema del movimiento fue lo que llevó a los integrantes dadaístas a evolucionar en otro sentido. De alguna manera, podríamos decir que de las cenizas de un movimiento que jamás pretendió constituir un movimiento como tal,  surgió una reflexiva y ambiciosa reconsideración: el surrealismo. La reivindicación de la libertad individual y social, de la ruptura con la moral y la cultura de los bienpensantesfueron premisas que se mantuvieron en el nuevo movimiento. Pero frente a la anarquía como medio, André Breton (1896-1966) propuso reconciliar al individuo con la realidad, el mundo interior con la sociedad, basándose en las teorías socio-económicas de Karl Marx y las teorías del psicoanálisis de Sigmund Freud. En el manifiesto surrealista no se concebía la posibilidad de la libertad individual sin la libertad social, era necesario por tanto, luchar por superar las problemáticas sociales y políticas. Por otra parte, el auto-conocimiento del individuo a través de la indagación en el inconsciente y de los sueños, no sólo fue la base de su poética creativa, sino la solución defendida para superar la “psicopatología moderna generada por la extirpación de los instintos primitivos del hombre por medio de la civilización” (De Micheli, 1979)

“El poeta futuro superará la idea deprimente del irresponsable divorcio entre la acción y el sueño” – André Breton, Los vasos comunicantes, 1932.

El desarrollo de estas teorías que señalaban los sueños como expresión de los deseos y los misterios inconscientes del hombre, hizo que muchos artistas hicieran de ellas una metodología y un auténtico proceso creativo. La expresión espontánea y sin restricciones era una liberación para la mente encorsetada por la razón y las normas sociales, era la oportunidad de dar cabida y voz al ello (término freudiano que designa la parte inconsciente e instintiva del ser humano).

La obra surrealista pretende generar una excitación de la fantasía y la imaginación del observador, Lautréamont definió la belleza surrealista “bello como el encuentro casual de una máquina de coser y un paraguas en una mesa de operaciones”; es por tanto la imagen surrealista un “atentado al principio de identidad” (De Micheli, 1979).

A pesar de las diversas opiniones al respecto, podemos afirmar que el surrealismo es un movimiento fundamentalmente figurativo que, sin normas estéticas, implica la relación entre la imagen y la representación como parte esencial de su expresión. Si bien podemos hablar de tendencias que parten del automatismo y el azar objetivo, como en Joan Miró o en René Magritte, siempre encontramos en el primero una recreación de escenas fantásticas a partir de figuras infantiles, inocentes y espontáneas, pero sin intención de abstraer del objeto su figura. En el caso de Magritte, opta por revelar las incongruencias del mundo a partir de la elección de elementos aleatorios que reproducir con exactitud fotográfica. Por otra parte, hubo un interés más profundo por el universo onírico considerando el sueño como parte esencial de nuestra existencia, por parte de Salvador Dalí u Óscar Domínguez. Este último, pintor natural de La Laguna, fue el vínculo que unió el movimiento surrealista con la isla de Tenerife.

8FlDuVJBc
Hombre y mujer frente a un montón de excrementos, Joan Miró, 1935

Tenerife: paraíso del surrealismo

El siglo XX supuso para Canarias una apertura al mundo. Con la modernidad llegó una mejora de las redes de comunicación y comerciales que permitió reducir las consecuencias del aislamiento geográfico que afectaba a las islas. Este hecho dio lugar a un verdadero florecimiento de la cultura y las artes, y será quizá Néstor Martín-Fernández de la Torre el mejor ejemplo de esta incorporación de la modernidad europea a la sociedad canaria. Néstor introdujo en el nuevo contexto cultural la estética y la poética del simbolismo y el modernismo, ampliando los horizontes estéticos de los nuevos creadores y planteando un sin fin de nuevas posibilidades.

Poema-de-la-tierra-7
Poema de la Tierra, Néstor Martín-Fernández de la Torre, 1932-35

En Tenerife la Facción Canaria Surrealista y la Gaceta de Arte representan la ruptura con el carácter eminentemente tradicional y obsoleto de las artes en canarias hasta el siglo XIX. Canarias se entregó a las vanguardias europeas, culminando su éxito con la segunda Exposición Surrealista celebrada en el Ateneo de Santa Cruz de Tenerife en 1935. El cartel anunciador fue realizado por Óscar Domínguez, quien se había unido al movimiento tan sólo un año antes. Sus gestiones y la ambición de expandir el movimiento de André Breton hicieron posible que se realizara en nuestro territorio la exposición de índole internacional y de vanguardia más importante de España hasta el momento.

Además, el viaje de los surrealistas a Tenerife les desveló las cualidades más evocadoras del paisaje volcánico y desmantelado de la isla, que les inspiró las más inusitadas relaciones con los paisajes del subconsciente.

“La energía de la libido funciona como un correlato de la energía dormida de los volcanes” (Castro Borrego, 2008)

André Bretón llegó a relatar su ascenso al Teide en su obra El castillo estrellado que más tarde ilustraría Max Ernst, el dadaísta que dio origen al fotomontaje y que continuaría desarrollando su obra en el marco del surrealismo. Tenerife inspiró con sus paisajes de naturaleza volcánica, su flora y su clima, el paraíso del surrealismo.

En el caso de los surrealistas isleños, como Óscar Domínguez o Juan Ismael, dedicaron su obra a la poética de lo irreal por medio de la materialización del subconsciente.  Óscar Domínguez propone una intrigante estética del sueño a partir de masas amorfas, ininteligibles, innombrables e inmemorables, que son las protagonistas de sus lienzos, musas inspiradoras de la sensibilidad surrealista. En sus composiciones más conocidas, encontramos una clara división del lienzo (arriba y abajo) representando los estratos mentales, la razón y el subconsciente. Un ejemplo de esta organización son algunas de sus obras más conocidas Cueva de guanches, 1935 y Recuerdo de París, 1932, en las cuales, la figuración racional sobrevive en la superficie aunque la representación que se adueña de nuestra atención sea la escena onírica.

AS10528
Cueva de guanches, Óscar Domínguez, 1935

Por otra parte, en la obra de Óscar Domínguez podemos también podemos encontrar sus decalcomaníasobras que son fruto de la experimentación con el automatismo, y que consisten en aprisionar la tinta entre dos superficies lisas e intervenir (o no) el resultado. Aunque muchos no lo sepan, el TEA (Tenerife Espacio de las Artes), comparte sus actividades y funciones – como Biblioteca Municipal Central, cine, centro de fotografía y centro de arte contemporáneo para exposiciones itinerantes – con las del Instituto Óscar Domínguez. Es por ello que, dos veces al año, una de las salas del imponente edificio de corte brutalista se dedica a una exposición de la obra de este artista canario. Actualmente, y hasta el 2 de diciembre, pueden visitar Casi el azar: Óscar Domínguez, la decalcomanía y sus derivasdedicada a la mencionada faceta del artista, y que La Trova les invita a visitar y disfrutar.

cri_000000210113
León-bicicleta, Óscar Domínguez, 1937

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s