El barril de Diógenes

Política y gafapastas: la decadencia del teatro como oferta cultural de masas

Los españoles vivimos en una curiosa sociedad. Todos estamos de acuerdo en que es imprescindible para desarrollar nuestra vida tener unos conocimientos básicos de cultura general, pero rara vez luchamos por tenerla. Complementariamente, vivimos en una dictadura del postureo, puesto que hacemos muchas cosas no porque nos gusten o nos enriquezcan como personas o como profesionales, sino solo por decir ante los demás que las hemos hecho. Si combinamos ambas, nos encontraremos ante un fiel reflejo de la situación de las artes escénicas en general, y del teatro en particular, en España.

El teatro, como oferta de ocio de masas, está pasando por uno de los peores momentos de su historia reciente. Tanto el teatro amateur – realizado por actores aficionados que no solo no viven de ello sino que muchas veces no generan ningún ingreso – como el teatro profesional, adolecen de una grave ausencia de público asistente. La gente ya no acude al teatro. En esta decadencia del espectáculo teatral sin duda ha influido la crisis económica que hemos sufrido en la última década. Siempre que pasamos por una época de “vacas flacas” las familias tienden a recortar gastos, y lo primero que suele caer es el ocio y el entretenimiento. No obstante, este solo es uno más de los muchos factores causantes. Las obras de teatro gratuitas, llevadas a cabo por compañías amateur, siempre han existido, y sin embargo la asistencia de público ha caído hasta unos niveles alarmantes. Como miembro de una de estas compañías, he tenido que actuar, más veces de las que me gustaría, en lugares donde el número de público asistente no supera, o apenas supera, al número de actores en escena.

Lo irónico de esta situación es que todos queremos una agenda cultural lo más abultada y variada posible, y todos pondríamos a parir al gobierno de turno si en la ciudad en la que vivimos no hubiera algo a lo que ir, por básico que fuera, al menos una o dos veces por mes. Es decir, que queremos agenda cultural solo para decir a todo el mundo que tenemos agenda cultural, y que los que no la tengan son inferiores a nosotros. Hay que dejar bien claro en el Facebook y en las stories de Instagram que quien no haya ido a ver ese musical tan famoso en la Gran Vía de Madrid es un mindundi.

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Escena de “Don Juan Tenorio”, representada en el Teatro Leal de La Laguna

Obviamente no es solo un problema que afecte a la ciudadanía, sino que comienza desde las instituciones de gobierno, los mayores creadores de contenidos de postureo. Vivimos en una época de farándula en la que hay que hacer cuantos más eventos culturales mejor, pero solo para ganar votos a través de sacarse la foto y decir en la prensa y en las redes sociales que el ayuntamiento de turno ha organizado tal evento, aunque después ningún representante municipal acuda a los actos, que por otra parte pueden estar pésimamente estructurados. Al final, los verdaderos actores no son los que tan enérgicamente desempeñan una obra sobre un escenario, sino todos los políticos que fingen apoyarlos de cara a la opinión pública.

En el país de Cervantes, el 40% de la gente admite no leer nunca o casi nunca. Visto así, ¿cómo pretendemos que un niño se interese por la lectura desde pequeño si nunca ha visto ese hábito repetido en sus padres y en su entorno familiar más cercano? Si el niño solo ve habitualmente a Jorge Javier Vázquez, es normal que no se interese por García Lorca.

Quizás el problema de fondo es que nos hemos hecho demasiado cómodos, lo queremos todo aquí y ahora, y si puede ser sin tener que salir de casa, mejor. ¿Por qué recorrer un par de kilómetros hasta la sala de espectáculos más cercana si podemos quedarnos tan tranquilos en nuestro sofá viendo la tele o alguna serie en Netflix?

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Teatrejo Junio, compañía teatral de Los Realejos (Tenerife), con el atrezzo del espectáculo “Los figurantes”. Referencia.

 

La causa de esto puede ser que la sociedad ya ha estigmatizado al teatro como algo aburrido, sin interés y para culturetas gafapastas. Y tiene sentido que lo haya hecho, ya que es lo que pretenden las mismas instituciones de gobierno que fingen apoyar la cultura. Cuanto más inculto y más ignorante sea un pueblo, más fácil será de manipular por sus políticos. Es por ese motivo que los conocimientos que enseñan a tener pensamiento autocrítico y reflexión son paulatinamente infravalorados y estigmatizados. ¿Quién quiere meterse en un tostón de obra de teatro, y mucho menos participar en ella como actor? Al fin y al cabo, la práctica teatral es totalmente prescindible, lo único que te otorga es una mayor empatía, tolerancia, capacidad de trabajo en equipo, buena oratoria, esfuerzo constante, disciplina, concentración y memoria, autoconocimiento de tu cuerpo y tu personalidad… Sin duda, es infinitamente menos productivo que ver el último edredoning que ha hecho el ex novio de Chabelita en GH VIP.

1 comentario en “Política y gafapastas: la decadencia del teatro como oferta cultural de masas”

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