El cultureta literario

Breve entrevista a Pedro Copelmayer

Pedro Copelmayer (Montevideo, Montevideo (Uruguay), 2001) se define como “un escribidor uruguayo […] que intenta llegar a ser por lo menos una persona que escribe” y “un ávido lector” y afirma que “con la lectura vinieron las primeras frases”, dando lugar a un escritor precoz. Estudiante de bachillerato y, si todo va bien, futuro universitario, publica desde su blog personal, Pedro Copelmayer, abierto en 2017, y, desde la primavera de 2018, también escribe para Salto al reverso. Este blog colaborativo nació en 2012 y, en 2014, derivó en la editorial Salto al reverso, que cuenta con el trabajo de casi treinta artistas hispanohablantes de uno y otro lado del océano y ha publicado ocho números de su propia revista y una antología de obras seleccionadas desde el blog, así como una novela de Benjamín Recacha y una recopilación de cuentos de Carlos Quijano. Ahora, la editorial se prepara para el lanzamiento de su segunda antología a principios del próximo año y, como blog, acaba de finalizar una votación para elegir, en esta ocasión, a Pedro Copelmayer como autor destacado de este cuatrimestre.

Es por esta razón que lo entrevistamos aquí y le preguntamos sobre su trayectoria y su perspectiva, sobre los motivos que lo llevaron a coger el bolígrafo y las influencias que lo mantuvieron. Por razones logísticas, nos vemos obligados a comunicarnos por correo electrónico. Aun así, la experiencia resulta fluida y apenas se diferencia de algo a lo que podríamos denominar “conversación”.

Álex: En tu blog personal te autodefines como “un escribidor que intenta llegar a ser por lo menos una persona que escribe”. Tenemos claro que pretendes escribir, pero ¿qué pretendes escribir?

Pedro Copelmayer: Esa frase es un intento de broma, ya que me incomoda que la gente me diga “escritor”, porque sinceramente siento que me queda grande por ahora. Aspiro, como dije, a ser, por lo menos, una persona que escribe. ¿De qué escribo? Bueno, esa es una muy buena pregunta. Una que yo mismo me hago. Lo que es seguro es que escribo cuando tengo algo que decir, algo que denunciar o algo que puedo aportar a la persona que lo lea. No me gusta la literatura egoísta, no me genera nada la gente que escribe porque sí o busca la estética por sobre el contenido. Son letras muertas.

Á: Normalmente, ¿esas cosas que tienes que decir o denunciar giran en torno a algún tema en particular?

P: Sí, en la temática me concentro bastante en la muerte. Es un tema que me interesa muchísimo y en varias ocasiones se ha visto a mis personajes enfrentados con la muerte. Además, creo que lo social está bastante presente, ya que es lo que me mueve como persona y, en definitiva, eso es lo que me gusta más de la literatura: aparte de poder concebirla como fin y aspirar a cierto estilo y buenas historias, poder pensarla como medio o agente de cambio.

Á: Supongo que hay algo de cortazariano en esa concepción de la literatura como agente de cambio; ya indicas cuál es tu autor predilecto en tu blog personal, pero ¿cuáles son las influencias que te han llevado a escribir como escribes o a concebir la literatura de ese modo?

P: Como bien dijiste, una de mis más grandes influencias es Cortázar. No solamente en su manera de pensar la literatura, sino en su estilo. Lo que más me impresiona es la capacidad de remate que tenía: sus finales son dignos de estudiar. También hay otros autores que, de una manera u otra, me influyen. El tratamiento psicológico que tiene Dostoievskij en sus personajes es excepcional. Carver me parece un maestro. Sebastián Miguez Conde es un escritor no tan conocido, pero que, sin embargo, es de los que más me han provocado; tiene cuentos cuyos personajes, escenas, diálogos y actitudes son tan reales que asustan. En fin, la lista podría seguir para siempre.

A: En otro orden de cosas, tenemos entendido que, por el momento, cuatro de tus obras colgadas en Salto al reverso van a ser publicadas en su segunda antología. Dos de ellas son un poema, Cotidianidad, y un relato corto, Otro día feliz en el mundo. En el caso del poema, ¿qué nos puedes decir acerca de lo que te movió para escribirlo?

P: El poema que tú mencionas, Cotidianidad, nació muy espontáneamente, como casi todo lo que hago. Estaba pensando en la multiplicidad de roles que cumplimos en el día a día. Más concretamente, creo que recién había comprado un boleto de ómnibus y ahora hablaba con un amigo por celular y eso me generó la primera frase, “En el día soy…”, que fue el disparador para evaluarme y ver qué funciones cumplo y cómo me manejo en un día normal. Aparte de un poema, resultó ser un ejercicio bastante interesante.

Á: Si en el poema te presentas como persona que es, en Otro día feliz en el mundo parece que te presentas como persona que escribe y resulta toda una declaración de intenciones. Al principio de esta entrevista, nos hablabas de las letras muertas y en este relato vuelves a hacer alusión a ellas. ¿Qué son para ti y qué repercusión tienen en la sociedad?

P: Nada y ninguna. Esa sería la respuesta violenta, aunque creo que es la real. Yo creo que a la gente que escribe por escribir no le puede ir bien. Es imposible. Capaz que su obra se valoriza y gana premios o lo que sea, pero, en el fondo, el autor siempre sabe si lo que hizo tiene un porqué o no. Si no lo tiene, simplemente no sirve para nada. Y es por esto que lo que denominé antes como letras muertas, categoría un poco dura, no tiene ningún tipo de impacto porque no está pensado que lo tenga. El objetivo es otro: ganar dinero, reconocimiento o cualquier otra cosa, pero no provocar impacto ni generar algo en el lector.

Yo intento siempre escribir con un propósito; no siempre lo logro. Es una tarea muy complicada. Incluso creo que es más difícil decidir qué escribir y por qué hacerlo que el acto de escribir en sí mismo. Sin embargo, cuando me doy cuenta de que escribí algo sin sentido, sin propósito, lo corto. Es lo que hay que hacer, creo yo.

Á: Sin embargo, lo que puede verse hoy en día es que el modelo de best-seller, que tiene por objetivo vender y dar beneficios, llega a transmitir a gran cantidad de personas por todo el mundo y, por tanto, genera un impacto más o menos profundo en la persona que lo lee. Según tu opinión, ¿cómo es posible que este tipo de literatura tenga por objetivo un beneficio económico y, al mismo tiempo, produzca un impacto relativo en la sociedad?

P: Y depende del marco conceptual que manejes. A pesar de que es verdad lo que estás planteando respecto al poderío del “bestsellerismo” por sobre otros tipos de literatura, creo que el tema del impacto es muy relativo. Si una persona se siente iluminada al leer El alquimista y eso la motiva a seguir leyendo y, quizá, descubrir otros autores y otros tipos de literatura, bienvenido sea. Yo no estoy en contra de los libros que venden mucho, para nada. Stephen King fue, hace tiempo, uno de mis autores preferidos, y es una máquina de vender y producir libros. Me parece perfecto que los escritores ganen y ganen bien por su trabajo. Lo que no me parece sano es que el objetivo de generar ingresos sea el principal, por sobre el mensaje y por sobre el contenido artístico. Para eso están los empresarios y otro tipo de actividades, me parece. También considero importante diferenciar la ficción de los libros técnicos, que, generalmente, no considero literatura, a pesar de que algunos puedan ser muy buenos, porque tienen otros objetivos. En este caso, no me parece necesariamente mal que el vender ocupe un rol más importante, siempre y cuando se siga aportando valor y el lector sepa lo que está comprando.

Igualmente, como vos decís, hay gente que se plantea la escritura de ficción de esta manera y logra su objetivo y gana millones de dólares escribiendo cosas sencillamente vacías. Este tipo de personas siempre va a existir y siempre va a haber un mercado listo para demandar lo que ellos produzcan. Sería ingenuo pedirles o insinuar que dejen de hacerlo, aparte de injusto y soberbio. Lo único que quisiera sería que aprovechen esa gran demanda que tienen para promover otros contenidos y difundir la literatura, así los lectores puedan llegar a otros autores.

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Extracto de Otro día feliz en el mundo de Pedro Copelmayer. Fondo de Roberto Cabral, diseño de Fiesky Rivas y Blacksmith Dragonheart. Obtenido a partir de la página de Facebook de Salto al reverso.

Á: Volviendo a tu trayectoria personal y aparte de las anteriores, otras dos de tus obras van a ser publicadas en la segunda antología de Salto al reverso: un poema, Engaño, y otro relato corto, Azul. ¿Por qué decidiste entrar a formar parte de este blog colaborativo y qué esperas de tu participación en él?

P: Decidí formar parte del proyecto que es Salto al reverso por varias cosas. Primero, era un blog que, antes de formar parte, ya había leído y, por lo tanto, tenía presente la calidad de los autores que publican en esta plataforma. Conociendo la calidad de estos trabajos, me resultó muy interesante la posibilidad de integrarme en el proyecto, para conocer a otros autores, aprender y también difundir mi obra.

Aplaudo cualquier tipo de iniciativa que fomente la literatura o el arte en general. Me parece necesario promover la cultura, de la mano con la educación, para tener sociedades con verdadera calidad humana.

Á: ¿Cuáles tienes pensado que sean tus siguientes pasos? ¿Tienes en mente algún otro proyecto desde el que publicar tu obra?

P: Sí, planeo seguir escribiendo y subiendo nuevos contenidos a mi página, Pedro Copelmayer, así como seguir activo en Salto al reverso.

Aparte de eso, estoy haciendo un libro con un amigo y compañero de taller. Esta es la razón por la cual no he subido demasiados textos estos últimos meses, ya que ahora estoy escribiendo y trabajando, más que nada, para la publicación de este libro, que será una recolección de textos y cuentos, junto con material gráfico. Estoy muy entusiasmado con este proyecto.

Á: Para ir terminando: como referencia, ¿nos puedes indicar tus cinco personas escritoras preferidas y tus cinco obras predilectas?

P: Los cinco escritores preferidos que tengo, que no significa que los considere los mejores, son Cortázar, Kerouac, Felisberto Hernández, Carver y, quizá, Paul Auster. Esta lista, igualmente, es muy relativa, si me preguntas otro día, probablemente algunos nombres varíen.

Cinco obras que yo disfruté mucho, personalmente, y considero que valen la pena ser leídas son: la serie de Un tal Lucas, de Cortázar, publicada en distintas recolecciones de cuentos; el cuento Muebles “El Canario”, de Felisberto Hernández, que es una total genialidad; la novela On the road, de Kerouac, que me gustó muchísimo y es un verdadero viaje para el lector; El hacedor, de Borges, también es excepcional; y, por último, Aftermath of a lengthy rejection slip, de Bukowski, una obra temprana, pero que ya muestra su estilo y su temática. Esas son obras y esos son autores que, aparte de enseñarme muchísimo, han sabido entretenerme.

*  (Imagen destacada: fragmento del montaje promocional que el equipo de Salto al reverso preparó en la elección de Pedro Copelmayer como autor destacado. Obtenido a partir de Salto al reverso).

7 comentarios en “Breve entrevista a Pedro Copelmayer”

  1. Agradecemos profundamente este espacio dedicado a nuestro autor destacado del cuatrimestre en Salto al reverso, Pedro Copelmayer. Es un placer ver el resultado de esta entrevista hecha por Álex Mayor en este espacio de difusión amablemente proporcionado por La Trova. ¡Gracias!

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    1. Un auténtico placer contar con su testimonio y mostrar su trabajo en nuestra web. A seguir trabajando en la misma línea por parte de Salto al Reverso, un proyecto especial en todos los sentidos.

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