El Ensamblador

Las tradiciones refrescantes

En las cenas familiares es inevitable que falte algún miembro del grupo. Tíos, primos o nietos buscan excusas para escaquearse o, realmente, se ocupan con otros compromisos a los que deben acudir cuando la familia se reúne. Sin embargo, hay un integrante (ya se puede considerar como tal) que siempre está ansioso de la celebración de cumpleaños, fiestas navideñas o de fines de semana especiales. O así nos los han vendido.

Beber un líquido gaseoso, dulce y de color negro ya no se hace porque sea un elixir. Tampoco es común que se tome únicamente cuando se tiene calor. Ahora, nuestro pariente íntimo nos produce una sensación de alegría y unión personal que invita a comprarlo con frecuencia. Estamos tan acostumbrados a él que es extraño no oír el sonido característico que hace al destapar la felicidad cuando nos agrupamos en la mesa.

Ahora bien, la generosidad de los refrescos no se reserva únicamente para complacer a nuestro estado anímico. Del mismo modo que nos aporta felicidad, las gaseosas miman al medioambiente y a nuestra salud. Sin ir más lejos, para producir un litro de una de las bebidas más populares se necesitan, de media, 2.5 litros de agua por cada litro de Coca-Cola. No se puede negar que su envasado origine toneladas de plástico y su elaboración contribuya con la aportación de millones de partículas de CO2 a la atmósfera. Y en lo que respecta a la salud, el oro negro bebible ofrece variedades de beneficios. Tan solo con dejarle mojarnos los labios nos exponemos a la diabetes, los problemas cardiovasculares o la obesidad. Una labor impecable que se forja con los años.

Sumado a esto, las grandes compañías del bienestar tienen proyectos para remediar los desastres que ellas mismas ocasionan. Ideas como reponer en espacios naturales el agua que gastan o patrocinar eventos deportivos son algunas de las medallas que se cuelgan al hombro a modo de parches para tapar  sus descosidos.

Ninguna persona quiere deshacerse del vínculo de unidad familiar que ofrece un trago dulce y frío. Nadie está dispuesto a renunciar al estado de satisfacción espiritual y físico a cambio de que una persona del otro lado del mundo beba el litro y medio de agua que le sobra a su botella. Nos empeñamos en disfrutar del momento a pesar de que sufriremos  consecuencias fuertes en poco tiempo.

Uno es el que decide a quién deja entrar en su casa. No dejemos que la publicidad lo haga por nosotros.

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