El barril de Diógenes

Twitter o el paraíso del hombre masa

El siglo XX asistió a la conformación de un fenómeno clave de la contemporaneidad: la aparición de la sociedad de masas. El avance del parlamentarismo, el paulatino incremento de la participación de la gente en la política, la progresiva democratización de las instituciones y el surgimiento de movimientos sociales amplios fueron elementos clave para entender el cambio acaecido en la sociedad. El asentamiento de estas realidades fue objeto de discusión teórica por parte de los círculos intelectuales. 

En España, este fenómeno fue exhaustivamente estudiado por Ortega y Gasset, uno de los máximos exponentes de la filosofía. Su obra La rebelión de la masas es un referente fundamental para entender este fenómeno, y en ella aparecen una serie de planteamientos y discusiones que siguen vigentes, o pueden ayudar a entender el mundo que nos rodea. 

Mor Ortega y Gasset, el pensador del problema catalán. Font Google Plus_1_630x630-2

Ortega y Gasset no podía considerar el papel que las RRSS jugarían en una sociedad de masas; era sencillamente imposible de imaginar por aquel entonces. Sin embargo, sí que recogió algunas premisas y reflexiones que tienen un cierto interés a la hora de estudiar la influencia que éstas han podido tener en nuestras conductas, a lo mejor no tan acertadas como podemos pensar en primera instancia. 

Intentaré recogerlas, interpretarlas y aplicarlas a una red social concreta: twitter. 

1 – Aglomeración y mundialización 

“[…] ser diferente es indecente. La masa arrolla todo lo diferente, egregio, individual, calificado y selecto. Quien no sea como todo el mundo, quien no piense como todo el mundo, corre el riesgo de ser eliminado. Y claro está que ese “todo el mundo” no es “todo el mundo”. “Todo el mundo” era, normalmente, la unidad compleja de masa y minorías discrepantes, especiales. Ahora todo el mundo es solo la masa”. 

La asunción de nuestra identidad como individuos en la red responde, generalmente, a nuestras preferencias y a la relación que hayamos establecido por la vía del “follow”, el “retweet” y el “me gusta” con otras cuentas. El algoritmo de twitter nos presentará la actividad de estas cuentas, nos recomendará otras, y en cierto sentido acabará dirigiendo nuestra búsqueda de información hacia un espectro concreto de la realidad presente en la red social. 

Una red social que, como todos los canales de información de que disponemos, es global y responde a las tendencias más importantes. Los Trending Topic nos sitúan en el debate de los principales temas a escala nacional e internacional, y nuestros dedos inquietos navegan utilizando las herramientas que graciosamente nos ofrece la red. 

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Nuestros intereses se muestran y la red social nos bombardea con pensamientos afines, generando la sensación de que se piensa “como todo el mundo”. El resultado es la conformación de espacios de intercambio de información estancos, que solo reciben los datos que consiguen atravesar el filtro de nuestras preferencias; o bien, aquellos que se oponen radicalmente a ellas, generándose una sensación de enfrentamiento ideológico constante. 

“La actividad de comprar concluye en decidirse por un objeto; pero por lo mismo es antes una elección y la elección comienza por darse cuenta de las posibilidades que ofrece el mercado […] este es el sentido originario de la idea “mundo”. Mundo es el repertorio de nuestras posibilidades vitales”. 

El individuo que entra en esta dinámica y la asume como propia puede definirse, en cierta medida, como un “hombre-masa” (en el término orteguiano); en resumen, alguien que opina siguiendo el criterio de una multitud enfervorizada creyendo que defiende sus convicciones personales. O bien, aquél que actúa movido por una sobrevaloración de sus argumentos, buscando imponerlos sin tener en cuenta otros planteamientos y actuando desde el hermetismo intelectual. 

2 – La subida del nivel histórico y la altura de los tiempos 

 “El hecho que necesitamos someter a anatomía puede formularse bajo estas dos rúbricas: primera, las masas ejercitan hoy un repertorio vital que coincide, en gran parte, con el que antes parecía reservado exclusivamente a las minorías; segunda, al propio tiempo, las masas se han hecho indóciles frente a las minorías; no las obedecen, no las siguen, no las respetan, sino que, por el contrario, las dan de lado y las suplantan”. 

Los tiempos modernos asistieron a la democratización del sistema político, y en los últimos años esta democratización ha llegado a la propia información; en cierto sentido, todos somos comunicadores. Para Ortega, esta subida del nivel histórico – marcada por una mejora en las condiciones de vida y libertades de las personas – es positiva, pero ha asentado a las personas en un estado de enfrentamiento con el pasado (que se considera inferior) y con el propio presente, entendido como insuficiente para lo que “la altura de nuestro tiempo” exige. 

El ámbito de posibilidades vitales que asiste a nuestra sociedad es el mayor que jamás ha existido; por esa misma regla de tres, todo lo pretérito se nos antoja “aquejado de enanismo”. 

Las RRSS han sido testigos de un fenómeno bastante propio de nuestra realidad social: la descarnada y brutal acometida contra la historia de los pueblos (entendida como una historia de opresión, de incultura, de barbarie) y la pugna constante con el mundo actual, cualitativamente superior, pero aún así incapaz de satisfacer lo que esperamos de él. 

3 – La disección del hombre-masa

 “El mundo que desde el nacimiento rodea al hombre nuevo no le mueve a limitarse en ningún sentido, no le presenta veto ni contención alguna, sino que, al contrario, hostiga sus apetitos […] Esto nos lleva a apuntar en el diagrama psicológico del hombre actual dos primeros rasgos: la libre expansión de sus deseos vitales […] y la radical ingratitud hacia cuanto ha hecho posible la facilidad de su existencia.”

El derecho de vulgaridad

La mayor capacidad intelectiva que el hombre-masa tiene en nuestra época no le sirve de nada; es más, le vale de argumento para encerrarse en la idea que tiene de sí mismo. Esto nos genera individuos cargados de tópicos y prejuicios, capaces de hacer de su criterio un castillo desde el que imponer doctrina sin asumir posturas que les resulten extrañas o amenacen con destruir los cimientos de su ficticia seguridad ideológica. 

El hombre-masa, en este caso el twittero medio, se siente perfecto, y dado que este sentimiento no obedece sino a su vanidad necesita de los demás y “busca en ellos la confirmación de la idea que quiere tener de sí mismo”. Es así como se van creando grupos de cuentas que se dan soporte mutuo a las ideas que expresan, retroalimentándose en sus propias vanidades y generando una sensación ficticia de aceptación generalizada. 

El problema, en palabras de Ortega, no es que “el vulgar crea que es sobresaliente y no vulgar, sino que el vulgar proclame e imponga el derecho de vulgaridad, o la vulgaridad como un derecho”. Esta frase presenta con bastante acierto la realidad de una red social como twitter, donde se expresan algunos de los doctrinarios peor documentados de la red. Armados con estadísticas y fuentes de dudosa procedencia, utilizando argumentos esencialmente reduccionistas, y siempre bajo el paraguas de alguna ideología, proliferan figuras que movilizan a sus followers y detractores en torno a los debates que les resultan más apropiados para sus intereses. 

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La intervención política de las masas: la acción directa

“[…] se detesta toda forma de convivencia que por sí misma implique acatamiento de normas objetivas, desde la conversación hasta el Parlamento, pasando por la ciencia. Esto quiere decir que se renuncia a la convivencia de cultura […] Se suprimen todos los trámites normales y se va directamente a la imposición de lo que se desea.”

Esto, llevado a twitter, resulta menos exagerado que en el planteamiento de Ortega y Gasset; no obstante, fue lo que acaecería en la Europa posterior a sus reflexiones. La acción directa, o la violencia, es la fórmula en la que las masas participarían de la política; es decir, la renuncia a los trámites y normas, la justicia o la razón, para actuar directamente. La civilización con sus normas resulta insuficiente para el hombre-masa, que asume su rebeldía como una cruzada contra un sistema que se antoja insuficiente para sus anhelos. El hombre-masa es entendido como indócil, pero no desde una perspectiva positiva – es decir, desde la lucha contra la opresión – sino desde una visión irreflexiva. 

Desde el hermetismo intelectual (la tozudez) se vocifera contra el mundo y se sitúa como enemigo al que opina de forma diferente. Es el caso de twitter: los enfrentamientos están a la orden del día, y el tweet de un famoso genera una pelea de bandos. Se ha sustituido la conversación por el enfrentamiento, las posturas discrepantes se encasillan en tendencias generalistas, y el librepensamiento no se plantea como una opción. 

La opinión se impone, no se discute. El objetivo es rodearse de acólitos, estructurar grupos de presión, movilizarse y generar una dialéctica que justifique posturas políticas determinadas. Es el politicismo integral, otra de las características del hombre-masa, algo que está muy presente en el twitter que conocemos. La política es el elemento supremo, y todo lo absorbe, sin dejar nada fuera de ella. Obligados a escoger, vivimos sumergidos en una vorágine de extremismo que anula el debate civilizado. 

Ante esto, Ortega y Gasset nos deja otra reflexión interesante: 

“Cuando alguien nos pregunta qué somos en política, o, anticipándose con la insolencia que pertenece al estilo de nuestro tiempo, nos adscribe a una, en vez de responder debemos preguntar al impertinente qué piensa él que es el hombre y la naturaleza y la historia, qué es la sociedad y el individuo, la colectividad, el Estado, el uso, el derecho. La política se apresura a apagar las luces para que todos estos gatos resulten pardos”. 

4 – Una reflexión final

Las palabras de Ortega y Gasset fueron escritas hace casi cien años, en un momento en el que la sociedad de masas empezaba a mostrar sus primeros rasgos. Adaptarlas a twitter es un planteamiento un tanto atrevido, y quizá no esté del todo justificado. 

A pesar de ello, considero que es importante tener en cuenta sus aportaciones. No podemos negar que vivimos en una sociedad de masas global, y que las redes sociales se han convertido en nuestra vía de expresión más importante. En unos segundos podemos hacer que el mundo entero sea testigo de nuestras divagaciones, una circunstancia que aumenta los márgenes de nuestra libertad de expresión, pero que también nos genera una responsabilidad añadida: la de compartir información u opiniones con una actitud dialogante y abierta. 

Tú, por tu parte, quisiera yo que, si no apruebas estas cosas que yo he sostenido, pienses o bien que he emprendido una obra mayor de la que se podía llevar a término, o bien que, por querer acceder a tus ruegos y por vergüenza de negarme, he cometido la imprudencia de ponerme a escribir – Marco Tulio Cicerón (El Orador)

Referencias: 

ORTEGA Y GASSET, J. (2013): La rebelión de las masas. Ed: Tecnos. Madrid,

 

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